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Leyenda de la "Malasada"
El obispo Don Tello Téllez de
Meneses fue famoso en la Palencia del siglo XIII.por su sabiduría
y su valor. Sobre el origen de su familia se cuenta la siguiente
historia:
Había hace cientos de años un rey de León
que tenía una hija muy hermosa. Cuando la princesa
cumplió los 18 años el rey la llamó y
le dijo:
- Querida Clara, hasta ahora has sido la alegría de
mis días, pero ha llegado el tiempo de casarte y he
decidido conceder tu mano al conde Ordoño. Me llena
de tristeza pensar que vas a separarte de mí, pero,
a cambio, sé que vas a hacer un buen matrimonio.
- Pero, señor, dijo Clara, el conde vive muy lejos,
apenas podré veros, y además no me gusta, es
gordo y violento y no creo que me ame.
- Una joven debe obedecer a su padre en estos casos. He dado
mi palabra al conde, ¡no se hable más del asunto!
El monarca salió enfurecido y sus pisadas sonaron con
fuerza sobre el suelo de piedra. Clara se marchó a
sus habitaciones pensando en lo injusto que era el que los
padres eligieran los maridos para sus hijas.
Estaba tan enfadada que apenas pudo dormir esa noche. Al amanecer
había tomado una arriesgada decisión: se marcharía
del castillo antes de que el conde Ordoño viniese a
buscarla para casarse con ella. De cualquier forma, iba a
tener que separarse de su padre y de sus amigos, así
que prefería escapar a tener que casarse con aquel
hombre horrible.
Al preparar su marcha, Clara comprendió que si tenía
que irse sola más valía que no dijese a nadie
que era una princesa. Buscó en las cocinas del castillo,
aquí y allá, hasta que tuvo lo necesario para
vestirse de aldeana.
Y una noche, cuando apenas faltaba una semana para el día
de su boda con el conde, la princesita salió, sin que
nadie la viera, por una puerta secreta del castillo; se alejó
valientemente caminando hacia el sur.
Al verla nadie hubiera imaginado quién era. Iba vestida
con las ropas humildes de las aldeanas y en su hatillo había
metido algunas cosas para comer durante su viaje. De todas
sus antiguas pertenencias sólo había conservado
el anillo de oro que su padre le regalara al cumplir 15 años.
Recorrió caminos y pueblos, y llegó a un lugar
llamado Meneses de Campos. Vivía allí un labrador
que se llamaba Tello y tenía una hermosa casa de piedra
y muchas tierras en las que cultivaba trigo. Clara pidió
trabajo en esta casa honrada, explicó que se había
quedado huérfana y fue admitida enseguida.
La princesa tuvo que aprender a trabajar y esto no siempre
le fue fácil, pero ella era alegre y decidida, así
que se ganó en poco tiempo el aprecio de todas las
gentes de Meneses.
Tello se enamoró de aquella joven tan especial, y lo
mismo le ocurrió a Clara, de modo que, pasado un tiempo,
se casaron.
Habían transcurrido los años y una tarde apareció
en Meneses el rey de León. Se había perdido
yendo de caza y buscaba refugio para pasar la noche a la espera
de que sus hombres lo encontrasen.
Los habitantes de Meneses llevaron al rey a casa de Tello
porque era la mejor del pueblo y les parecía la más
adecuada para tan importante personaje.
El rey fue recibido por Tello con respeto y sencillez. Al
sentarse a cenar se sorprendió al ver que le servían
una "malasada" que era una clase de tortilla que
a él le gustaba mucho, pero su sorpresa fue mayor cuando,
dentro de la tortilla, encontró el anillo que había
regalado a su hija Clara por su cumpleaños.
Hacía ya mucho tiempo que el rey se había resignado
a creer que había perdido para siempre a su hija querida.
A veces se había arrepentido de su dureza con ella,
y ahora, al encontrar aquel anillo, el buen rey sintió
que la esperanza volvía a nacer en su corazón.
Con la voz entrecortada por la emoción pidió
que trajeran a su presencia a la persona que había
preparado su cena. Apareció Clara sonriendo en la puerta
de la habitación y su padre la reconoció al
instante.
Después de los abrazos vinieron las explicaciones.
Clara contó a todos los presentes lo que le había
sucedido desde la noche en que salió de su castillo,
y así supo Tello que se había casado con una
princesa.
El rey no tuvo más remedio que reconocer que Clara
había heredado su carácter resuelto y su presencia
de ánimo, y decidió que debía perdonarla,
ya que no está mal que los hijos se parezcan a sus
padres.
Concedió a Tello el señorío de la villa
de Meneses como premio a su honradez y, a partir de aquel
día, Clara y su marido fueron aún más
felices de lo que habían sido hasta entonces.
Esta leyenda fue inventada para engrandecer los orígenes
de una familia; sin embargo, ahora que sabemos que el valor
de una persona no depende de su nacimiento, sino de sus actos,
la historia de Clara nos habla de cosas tan importantes como
la libertad y la valentía.
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